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Cristo en Mí: La Verdad Que Lo Cambia Todo

  Hay una verdad que no solo inspira—transforma. Una verdad que no depende de las circunstancias, los títulos o la aprobación. Esa verdad es esta: Cristo vive en mí. Esta revelación no es un lenguaje poético ni un simbolismo religioso. Es una realidad espiritual que redefine cómo pensamos, hablamos, actuamos y vivimos. “Cristo en ustedes, la esperanza de gloria.” (Colosenses 1:27) Cristo en mí significa que la vida, la sabiduría, el amor y el poder divinos revelados en Jesús ahora habitan dentro de mí. “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí.” (Gálatas 2:20) La Mente de Cristo: Una Nueva Forma de Pensar “Nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1 Corintios 2:16) La mente de Cristo es firme, valiente y anclada en la verdad. “No se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente.” (Romanos 12:2) Hablar Desde Cristo Que Vive en Mí “Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6:63) “Ninguna palabra corrompida salga de su boca, sino ...

Creados desde lo Invisible: El Significado de la Imagen y la Semejanza de Dios

  (Génesis 1:26) “Entonces dijo Dios: ‘Hagamos al ser humano a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…’” Génesis 1:26 no comienza con el cuerpo físico—comienza con el ser. Antes de la forma, antes del aliento, antes de la carne, la humanidad fue concebida en el ámbito de lo invisible. Ser creados a la imagen y semejanza de Dios no significa parecernos físicamente a Él, ya que Dios es Espíritu. Más bien, revela que nuestro origen es espiritual, y que nuestra existencia física es la manifestación de algo mucho más profundo y eterno. La Imagen de Dios La imagen de Dios se refiere a la esencia. Es la huella divina colocada dentro de cada ser humano—la chispa interior de conciencia, creatividad, sabiduría y la capacidad de percibir la verdad. Esta imagen no se gana, no se pierde ni se desarrolla con el tiempo. Es dada en la creación. Esto significa que antes de identificarnos como hombre o mujer, exitosos o quebrantados, capaces o limitados, vistos o ignorados—ya somos. La imagen ...

Cuando la Oscuridad Me Enseñó a Ver

  El día que perdí la vista no fue solo el día en que mi visión física se apagó—fue el día en que la vida me hizo una pregunta que no pude evitar: ¿Quién eres cuando todo aquello en lo que confiabas te es quitado? Quedarme ciega no fue poético. Fue aterrador, desorientador y profundamente humano. Hubo duelo. Hubo resistencia. Hubo momentos en los que le rogué a Dios que revirtiera lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo. No desperté ese día iluminada o inspirada. Desperté con miedo. La ceguera no fue un regalo que pedí. Y no es algo que glorifico. Pero lo que sí aprendí—lentamente, con dolor y con honestidad—es que la pérdida no tiene la última palabra. Hubo una temporada en la que luché contra mi realidad con todas mis fuerzas. Quería mi vida anterior. Mi independencia. Mi certeza. Mi mundo conocido. La aceptación no llegó como una revelación espiritual—llegó como una rendición, respiración tras respiración. Y entonces ocurrió algo inesperado. A medida que mi vista física disminuía,...